La agricultura está atrayendo recientemente a jóvenes en esta etapa de diversificación económica del país, pero no siempre fue la primera opción
En 2022, Patricio Francisco era uno de los muchos jóvenes de Bata, una ciudad en donde la mayoría de la población joven busca oportunidades en el sector del comercio y los servicios, que apostó por un camino poco común: La agricultura.
En 2022, Patricio Francisco era uno de los muchos jóvenes de Bata, una ciudad en donde la mayoría de la población joven busca oportunidades en el sector del comercio y los servicios, que apostó por un camino poco común: La agricultura
Era el 2022 y Patricio estudiaba en la Escuela de Capacitación Agraria (ECA) donde colaboraba como voluntario en una extensión agraria apoyada por la FAO. Como él mismo contaba, su decisión no fue sencilla. En un entorno donde muchos jóvenes aspiran a profesiones más tradicionales, elegir el sector agropecuario implicaba desafiar percepciones profundamente arraigadas, porque en Guinea Ecuatorial, la agricultura sigue siendo vista, en gran medida, como una actividad reservada al ámbito rural, alejada de las aspiraciones urbanas de la juventud.
Pero Patricio decidió quedarse.
“Vine, me enamoré y me quedé”, contaba entonces, recordando cómo cambió su idea inicial de estudiar Derecho por una vocación que terminaría marcando su vida.
Un camino lleno de desafíos
Detrás de esa decisión había algo más profundo: persistencia.
Patricio había estudiado Ingeniería Forestal y Medio Ambiente en la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial (UNGE), pero no encontraba salida en el mercado laboral. Como muchos jóvenes, llegó a sentirse frustrado, incluso perdido. Sin ingresos inmediatos y con incertidumbre sobre el futuro, continuar no era fácil.
Sin embargo, su paso por proyectos formativos impulsados por la FAO —como las Escuelas de Campo— le permitió adquirir conocimientos prácticos, acceso a nuevas técnicas agrícolas y una visión innovadora del sector.
Aunque no recibía una remuneración directa, reconoce que el valor estaba en otro lugar:el acceso a herramientas, conocimientos y tecnologías que ampliaban sus horizontes más allá de lo que imaginaba.
Pero el camino no fue lineal. Proyectos fallidos, oportunidades que no prosperaban y la desmotivación de otros jóvenes que abandonaban fueron obstáculos constantes.
Muchos se fueron. Él también dudó.
Pero decidió continuar.
Del aprendizaje al liderazgo
Con el tiempo, algo empezó a cambiar.
Su compromiso, su capacidad de aprender y su cercanía con otros jóvenes le permitieron convertirse en un referente dentro de su entorno. Poco a poco, empezó a colaborar como enlace con otros beneficiarios de programas agrícolas.
Ese fue el punto de inflexión.
La FAO comenzó a confiar en sus capacidades, integrándolo más activamente en sus iniciativas, hasta que finalmente logró algo que años atrás parecía lejano:
Una consultoría profesional.
“No fue fácil, fue un camino muy difícil, y tuve que perseverar para estar aquí hoy”, afirma. Hoy, Patricio Francisco Mamiaga es consultor en Bata, trabajando precisamente en el sector que un día eligió casi a contracorriente.
Un sector con futuro para los jóvenes
La historia de Patricio no es un caso aislado, sino parte de un cambio más amplio.
En Guinea Ecuatorial, el Gobierno y el sistema de las Naciones Unidas están impulsando el sector agropecuario como una vía clave para combatir el desempleo juvenil y reforzar la seguridad alimentaria. A través de programas de formación, proyectos de emprendimiento y capacitaciones técnicas, cientos de jóvenes están redescubriendo el potencial de la agricultura.
Varias iniciativas del Gobierno con el apoyo técnico de las Naciones Unidas están contribuyendo a cambiar la narrativa: la agricultura ya no es solo subsistencia, sino una oportunidad real de desarrollo profesional y económico, dentro de ellas se cuentan:
las Escuelas de Capacitación Agraria
las Escuelas de Campo de la FAO
programas de impulso profesional y formación técnica
y mecanismos de financiación promovidos por el sector financiero
Inspirar con el ejemplo
Hoy, Patricio mira atrás y reconoce que el mayor desafío no fue aprender técnicas agrícolas, sino creer en un camino diferente.
Su historia demuestra que el éxito no llega de inmediato, ni sigue una línea recta. Se construye con decisiones valientes, con resiliencia frente a los fracasos y con la capacidad de aprovechar oportunidades cuando aparecen.
Y, sobre todo, demuestra algo clave para la juventud guineana:
El futuro también puede cultivarse.
Desde Bata, su historia sigue creciendo, inspirando a otros jóvenes a mirar el sector agropecuario no como una última opción, sino como un espacio lleno de posibilidades, avalado por la importancia que concede el Gobierno a este sector en la Agenda Guinea Ecuatorial 2035 y en el Marco de Cooperación firmado con las Naciones Unidas para 2024-2028.